La pedagogía intercultural nos hace sentirnos más fuertes ante las amenazas y nos hace ser mejores


Cada Pueblo, cada Estado, cada Cultura, es el maravilloso resultado de la continua mezcla de otras. Es la Diversidad Cultural, por tanto, el motor de nuestra evolución; esta realidad, rica en mestizaje, es lo que nos hace lo que somos por encima de todas las cosas: humanos.

Hemos de aprovechar este 21 de Mayo, Día de la Diversidad Cultural, siguiendo la senda propuesta por Alianza de Civilizaciones y la UNESCO, para preguntarnos qué podemos hacer para concienciar sobre la importancia del diálogo intercultural, la diversidad y la inclusión, para lograr que todas las personas nos comprometamos y apoyemos la diversidad mediante gestos reales en nuestro día a día, para combatir la polarización y los estereotipos y mejorar el entendimiento y la cooperación entre las gentes de diferentes culturas.

Irina Bokova, directora general de la UNESCO, ha señalado que «En un mundo tan diverso, la destrucción de las culturas es un crimen y la uniformidad un callejón sin salida: todo estriba en valorizar, en un mismo impulso, la diversidad que nos enriquece y los derechos humanos que nos reúnen». Y así es, no hay mejor manera de evitar los miedos que desmontar el cáustico discurso del “otro”, que entender que los valores comunes son un puente indisoluble y sólido que los intolerantes nos quieren enseñar a ignorar, que la pedagogía intercultural no sólo nos hace sentirnos más fuertes ante las amenazas, nos hace ser, de una manera bellísima, mejores.

Hemos de aprender a compartir mejor la cultura propia y a comprender la ajena, a hacernos suyos y, a ellos, hacerlos nuestros, a aceptar que la Cultura que vivimos está y estará en constante cambio, porque esa es la naturaleza de toda Cultura, porque ese es el mejor síntoma para saber que una Cultura sigue viva. En ese aprender y compartir hemos de rechazar tanto el paternalismo como el victimismo que tanto daño nos han hecho y que en momentos de la historia nos alejan de las soluciones para cualquier problemática que planteemos. Empecemos por probar a acercarnos sin etiquetas, a ver ante nosotros a humanos como nosotros, simplemente, a vestirnos por la mañana con curiosidad y empatía, a tener ganas de trabajar juntos como Ciudadanía y crecer, a ser un bloque ilustrado ante el mayor de los peligros, el que nos diferencia en negativo, la arrogante ignorancia.

El tercer Foro sobre Diálogo Intercultural, celebrado en Baku (Azerbayán), bajo el lema “compartir la Cultura para una seguridad compartida”, incide sobre un elemento que marca nuestro día a día: la seguridad. La necesidad de la pedagogía intercultural es, en este sentido, más urgente de lo que creemos, ya que no debemos tolerar que a cada atentado nos vendan que el problema es la diversidad cultural o que, escudándonos en la cultura de un nosotros confuso, nos impongan que unas víctimas sean apellidos y otras números o que los que huyen del terror son sospechosos de ser terroristas y nos debemos proteger de ellos. El único discurso de diferenciación debe ser entre la Ciudadanía y aquellos que la atacan. No vamos a cejar en nuestro empeño de que nuestra sociedad esté tan sana que vea a refugiados o inmigrantes como lo que son y somos: humanos. La mejor seguridad es la confianza y no hay mejor confianza que la que se basa en el conocimiento, aquella en la que ningún dolor nos es ajeno, aquella en la que los justos saben desterrar el miedo y abrazan la razón.

Nosotros, el Partido Socialista, sumamos. Nuestro barco lleva la bandera de los Valores Comunes, de la Cooperación Cultural Horizontal, de la Plena Ciudadanía, del mejor de los síntomas que una sociedad puede tener, su Diversidad Cultural. Esa es la España y la Europa desde la que trabajamos cada día, esa es nuestra belleza compartida.

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