Siempre nos quedará París


Por fin toda la comunidad internacional se ha puesto de acuerdo para afrontar el cambio climático, una de las mayores amenazas a las que se enfrenta la humanidad, y lograr un modelo de desarrollo económico vinculado a un uso racional de los recursos naturales y solidario con las generaciones futuras.

El IPCC (Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático) nos había dejado claro que solo un gran acuerdo institucional acompañado de sustanciales compromisos económicos podría frenar el calentamiento global. En París llegaba la hora de la política en mayúsculas.

Debemos estar satisfechos con el acuerdo y sus objetivos pero es imprescindible estar vigilantes para que haya una vinculación efectiva entre lo firmado y las medidas que con urgencia debemos poner en marcha.

España tiene deberes. Es preciso diseñar una hoja de ruta desde el consenso, una transición energética que sea la base de nuestro modelo productivo que la Tierra nos demanda.

Las decisiones en esta legislatura han ido en la dirección contraria, decisiones que deberán ser corregidas desde el 21 de diciembre con un nuevo gobierno socialista que lidere un gran Pacto de Estado sobre la energía, y que tendrá como contenido principal el Acuerdo histórico de París.

Queremos definir una política energética de largo alcance, que asegure a la ciudadanía el acceso a la energía a precios asequibles y convierta el sector energético en factor de competitividad y en motor de innovación, desarrollo y generación de empleo, reduciendo nuestra dependencia de los combustibles fósiles, impulsando el autoabastecimiento, fortaleciendo la seguridad de suministro, y luchando eficazmente contra el cambio climático.

Ese es mi compromiso.

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