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Mi compromiso es aprobar una Ley de Igualdad Salarial entre hombres y mujeres

22 febrero, 2016 - 3 minutes read

“Sin guarderías, lo demás es pura palabrería”. Recuerdo lo que me gustó esta frase cuando la escuché por primera vez. Estaba en una reunión de trabajo sobre las propuestas socialistas a los problemas de conciliación y corresponsabilidad que sufrimos, y alguien la soltó como ejemplo de que hace ya muchos años –la frase es de Betty Friedan-, el feminismo se plantea soluciones prácticas, reales, a la desigualdad económica de las mujeres.

Me gustó la frase porque resume muy bien la situación: una enorme desigualdad económica que sufren las mujeres a la que hay que dar solución sin palabrería, con hechos y propuestas claras. La última Encuesta Anual de Estructura Salarial del Instituto Nacional de Estadística (INE) muestra que la remuneración anual bruta de las trabajadoras españolas fue un 24% inferior a la de los hombres. Es decir, las mujeres asalariadas en España para percibir de media las mismas retribuciones que los hombres tendrían que trabajar 79 días más al año. Si hablamos de pensiones, esta desigualdad se dispara hasta el 39 por ciento. Por si esto fuese poco, las mujeres también realizan el 80 por ciento del trabajo doméstico y de cuidados que ni se paga y por desgracia, en muchas ocasiones, ni siquiera se agradece.

La brecha salarial es enorme y además no ha parado de crecer en los últimos años. Esa brecha se alimenta de todas las situaciones adversas que se ven obligadas a sortear la mayor parte de las mujeres: prejuicios y estereotipos que provocan que se concentren en sectores laborales que tienen peor retribución y que los sectores feminizados sean menos valorados;  la dificultad de promoción profesional, las trabas para llegar a los puestos de dirección, consejos de administración, y toma de decisiones; la precarización, una menor tasa de actividad, una menor tasa de ocupación, una tasa de paro más elevada así como la concentración en los contratos a tiempo parcial y en las formas laborales más desregularizadas.

Las soluciones no pueden ser individuales, no pueden hacerse a costa de los difíciles equilibrios vitales que hacen las mujeres y en muchas ocasiones les hacen perder pie y mucho menos, a costa de la sobrecarga de trabajo –retribuido o no- que soportan. Por todas estas razones, me sumo a las reivindicaciones de este 22 de febrero, Día de la Igualdad Salarial recordando mi compromiso con la elaboración de una Ley de Igualdad Salarial entre mujeres y hombres que no solo es de justicia, es, además, de absoluta y urgente necesidad.

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