No es un exilio, señor Torra. Es una huida - Página de Pedro Sánchez Castejón
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No es un exilio, señor Torra. Es una huida

 

Se dice a menudo que somos dueños de nuestros silencios y esclavos de nuestras palabras.

En el caso del señor Torra, esta afirmación es especialmente oportuna, porque le va a resultar muy difícil escapar de la terrible sombra que proyectan sus escritos y opiniones pasados. Y también sus actos más recientes.

Tengo la certeza de que el señor Torra conocerá algo de la historia de mi partido, el PSOE. Una formación que tiene casi 140 años a sus espaldas, en los que ha sido protagonista de todas las grandes transformaciones y avatares de España y de Cataluña. En ese casi siglo y medio de vida, ha habido momentos de esperanza y alegría. Pero también de dolor y pérdida.

Para nosotros, para el PSOE, los pasos fronterizos de montaña de los Pirineos en Cataluña no son meros accidentes geográficos. Son la ruta de escape de miles de hombres y mujeres, muchos de ellos socialistas, que huían del avance de las tropas franquistas; luchando por su propia vida. Forman parte de la memoria colectiva de estas siglas y del compromiso con la recuperación de las libertades en una España condenada a vivir de espaldas a Europa durante décadas.

Aquel fue un auténtico exilio y no el que protagonizan aquellos que, primero subvierten las normas del autogobierno de Cataluña, y después huyen para no afrontar las consecuencias de sus actos.

No, señor Torra. Eso no es un exilio. Es una huida. Es la misma razón por la que no cabe hablar de presos políticos, sino de políticos presos.

Por eso, cuando dice estar a mi disposición para hablar de presos políticos en España, de los exiliados (…) y de la criminalización del derecho a la autodeterminación de los pueblos, no me queda más remedio que apelar a una realidad que confunde deliberadamente.

Esa realidad descansa en una Cataluña que no puede ser negada. La Cataluña cosmopolita y abierta al mundo. Construida con el mestizaje y la tolerancia, que sus declaraciones y escritos parecen impugnar como un accidente de la historia en lugar de como una bendición. La Cataluña que ha sido vanguardia de los cambios sociales desde la inclusión y la aceptación del diferente, sin importar lengua y origen. La Cataluña por cuyo autogobierno el PSOE siempre ha luchado con determinación.

Este PSOE, al que usted ha denigrado reiteradamente en sus escritos y actos -impropios de alguien que aspira a ocupar tan alta responsabilidad institucional- jamás cejará en el empeño de articular propuestas para el diálogo y el encuentro.

Es lo que hemos hecho con la Comisión para la evaluación y la modernización del Estado autonómico, una iniciativa parlamentaria del grupo socialista que ha sido reiteradamente ignorada por quienes, como el señor Torra, prefieren la política de hechos consumados y la confrontación. Incluso aunque el precio a pagar sea el de la estabilidad social, económica y política de Cataluña.

Si quiere abrir un diálogo con los socialistas, señor Torra, empiece por asumir el significado real de palabras como exilio y presos políticos, sin caer en la tentación de manipular conceptos y darles un contenido que no tienen.

Decisiones tales como nombrar a dos huidos de la justicia, o a otras dos personas actualmente en prisión como consellers de su Govern -en el que, por cierto, no ha respetado la paridad-, no solo suponen una provocación sino que constituyen una acto de degradación de la propia Generalitat como institución. Un acto inaceptable viniendo de quien, en atención a su cargo, más debería velar por la necesidad de tender puentes entre todos los  catalanes y hacer frente a sus problemas reales.

Queda claro, con decisiones como esta, que el autogobierno le interesa muy poco a quien nombra consejeros a sabiendas de que no podrán ejercer sus funciones ni someter su gestión al control político, un factor determinante en cualquier Estado de derecho y que pone de relieve no solo el desprecio al Estado sino a la propia ciudadanía de Cataluña, a la que se priva de la posibilidad de tener un gobierno que priorice, por encima de todo, sus problemas reales.

Una vez más, la estrategia de la confrontación invalida las apelaciones vacías a un diálogo que los propios actos del señor Torra desmienten en la primera ocasión que se presenta.

Una confrontación con el Estado, al que el señor Torra representa por razón del cargo que ostenta como President de la Generalitat, tal y como recoge el propio Estatuto de Autonomía catalán al que se debe.  

Pero también una confrontación con la propia sociedad catalana, que merece un gobierno capaz de recuperar la normalidad perdida y destierre la senda de la división y la fragmentación que tanto daño está haciendo a esta tierra.